ARTÍCULOS PERSONALES
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CARNAVALES 2006
Hacia las 17,30 horas del sábado 25 de Febrero y bajo un cielo amenazante, comienzan a llegar al Patio del Palacio de los Mendoza (donde en la actualidad se ubica el Consistorio Municipal), los distintos participantes en el carnaval: grupos de disfraces, tanto de mayores como juveniles e infantiles, así como disfraces individuales quienes, todos juntos y al son de la charanga, se disponen a dar un paseo por las distintas calles del pueblo.
Al cabo de un rato y ya bastante inquietos por los nubarrones que nos acechaban, comienza el desfile por las calles de Yunquera, finalizando en el Pabellón Cubierto donde todos los participantes, previa inscripción en el Ayuntamiento, se disponen a exhibir sus trajes y disfraces en una pasarela que está dispuesta en el centro del local para que los varios cientos de personas que allí se encontraban pudieran verlo.
Uno a uno van desfilando delante del público y un jurado, todos y cada uno de los que se han disfrazado en este día de carnaval.
El acto lo cerraron unos divertidos Pitufos que hicieron las delicias de los más pequeños y que quisieron participar tambien en este día de carnaval y a quienes se les hizo un homenaje especial ya que se trataba de un grupo de personas disminuídas psíquicas cuyo centro se encuentra ubicado en Yunquera.
No es preciso hacer mucho hincapié en los premiados ya que todos los participantes han logrado superarse con respecto a otros años debido al enorme trabajo que han llevado algunos trajes, así como la originalidad de otros y por supuesto la alegría de todos.
Hay que felicitar a todos los que han participado en este Carnaval y animarles a que sigan haciendolo, no es cuestión de premios, sino de divertirse y pasarlo bien.
Después y para finalizar el Ayuntamiento invitó a todo el pueblo a comer pan, vino(“el que quiso”) y chorizo.
Este ameno y distendido espectáculo cada año se va superando gracias a quienes emplean muchas horas, días e incluso semanas en preparar y elaborar los vistosos atuendos que lucirán sólo unos minutos, pero que merece la pena el disfrute de los preparativos y así olvidar por unas horas los malos momentos que los hay, y muchos.
José Andrés Gil
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LA NIEVE
Este año el Carnaval y la semana blanca para los escolares ha comenzado tan blanca como su nombre indica debido a las nevadas del sábado y sobre todo la del domingo que han logrado vestir de blanco media España y por supuesto Yunquera que amaneció cubierto con un espeso manto blanco, como puede apreciarse en estas fotos.
Este vehículo ha sufrido las “buenas” inclemencias del tiempo, pero a pesar de todo siempre hay gente que lo desafía y se atreven a dar un temprano paseo a la ermita, pues no serían más de las diez de la mañana cuando estas dos personas, eso sí a pie, se arriesgaron a visitar a la Virgen de la Granja, donde la nieve también ha dejado un bello paisaje blanco.
José Andrés Gil
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Homenaje a Morales (Fotógrafo)
Es de justicia que Yunquera tenga un recuerdo, aunque sea póstumo
a la figura del retratista del pueblo que durante décadas
fue el único que plasmó la vida cotidiana del
pueblo. Desde las fotografías requeridas para hacerse
el primer carné de identidad allá por los años
cuarenta y cincuenta, pasando por todos los eventos donde eran
protagonistas las gentes de Yunquera: Procesiones, rondas de
los quintos, encierros, tardes de toros, trabajadores en las
eras y cualquier demanda particular. La fototeca de Morales
ha desaparecido. Su esposa ha muerto no hace muchos años
y su única hija vive en Canarias y tiene poco contacto
con el pueblo. La casa donde vivió el recordado retratista,
se acaba de derribar en la calle Santa Lucía. Allí
habitaba con su mujer, Guillerma, que compartía las tareas
de cubrir los reportajes en fiestas y acontecimientos de todo
tipo, mientras Morales se encerraba en su laboratorio y revelaba
las tomas hechas con anterioridad. El matrimonio y su hija Loli
convivían con la suegra del fotógrafo, Felipa
Gil, hermana del padrastro de mi padre, Arturo Gil (Perdón
por estas alusiones personales pero es la forma de ubicar el
arraigo familiar del retratista). Más tarde el matrimonio
y su hija se trasladó a una de las casas del paseo de
La Estación, denominadas del tío Benito, dueño
del tejar. A pesar de que sólo se conserva como legado
de este autor, el material fotográfico que obra en poder
de los yunqueranos, sería importante que con la aportación
de todos se pudiera realizar una exposición. E inclusive
editar un libro. En ella estaría reflejada la vida de
nuestro pueblo, patrimonio de todos. Pero observando los años
dedicados a ser retratista de Yunquera, compartida con otros
pueblos, creo que el personaje más fotografiado por este
retratista, ha sido sin duda, la imagen de la Virgen de la Granja.
Sola o acompañada. Mi pequeña aportación,
como si de una primera piedra se tratara, consiste en dos fotografías:
Los quintos nacidos en el año 1944, donde hay que lamentar
dos ausencias muy prematuras. Ángel Notario e Inocente
González. Ambos condiscípulos míos y el
último entrañable amigo. Y una imagen de la Virgen
de la Granja. Encontrada pegada en el forro de una maleta, quizás,
desde mi salida del pueblo durante el mes de Febrero de 1959.
Sería interesante recuperar la mayor colección
posible de obras realizadas por Morales. Sin duda sería
una forma de recuperar la genuina forma de vida de Yunquera,
sobre todo en los años 40 y 50. Durante los años
60 se produjo el despegue económico de España
y en Yunquera con la Concertación Parcelaria como colofón,
el cambio fue mayor y más rápido que en otros
pueblos. Desde este breve texto os invito a buscar en vuestros
baúles, armarios y maletas, fotografías tomadas
por Morales, el retratista de Yunquera.
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Foto: Morales 1944
Foto: Morales 1962
Pedro Taracena Gil
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EL VIGÍA DE IUNCARIA
Atalaya de pueblos y campos,
dama de oteros y colinas,
espejismo de roca,
erosión horadada por el tiempo.
Testigo fosilizado del Campillo y de Maluque,
de chopos y maizales,
eterno mirador hacia el ocaso,
sombra del amanecer,
corona de cerros, festoneados por el río.
Infanta de la Primavera, preñada de
cantueso y tomillo.
anciana bajo manto invernal de carrascas y aliagas,
guardesa del barranco solana, entre sotos y terreros.
Notario de aconteceres y devenires:
De la Granja y sus eventos.
De lavanderas, pastores y labriegos.
De Mohernando aprisco de novicios,
acólitos de Don Bosco.
De Alarilla, colmillo y muela,
pueblo de ilusiones aladas,
de vuelos de destino incierto.
Silenciosa y atenta observadora de Iuncaria,
la villa de la magistral torre, tu rival.
A la diestra de tu sitial,
yacen la vetusta Hita, memoria de arcipreste,
devaneos de Doña Cuaresma y Don Carnal,
cómplices de aquel Jueves Lardero iuncariense.
Sólo al lejano Ocejón, rindes honores.
anciano de plateadas cimas,
que el Sol dibuja sobre la meridional cordillera.
Tu cintura, plena de mancebos anhelos,
peregrinación de la aurora,
balcón de La Campiña enamorada.
Desde tu cima, cegada por la luz,
contemplas, eterna mira,
el tropezar del agua a tus pies,
salpicados de salmodia vespertina,
anuncio del atardecer,
cenefa sin fin del horizonte.
Ebria de melodías salvajes,
trinos de jaulines y abubillas,
cigarras, brillantes sonidos de luz,
nocturno salpicado de grillos,
desafíos del crepúsculo ardiente del estío,
faro de la noche,
cobijo de la vida,
arrullo del amor.
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Pedro Taracena
Gil |
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Jinete del Vinilo – Yunquera
de Henares
Pasando por Yunquera un joven se me acerca;
viene de algún lugar de la cabeza donde el recuerdo habita.
Curiosea mirando a todas partes, busca huellas
que el tiempo no ha borrado;
vestigios en el aire, en las calles, en las piedras de las casas
...
en los bares repletos de momentos
finados e indelebles.
Emergen desde el éter sus amigos, las chicas, tanto disco
llevado bajo el brazo cada fin de semana;
tanta risa surgida de la nada, por nada, por el simple ejercicio
de reír sonoramente, sin miedo alguno
a las mil tarascadas que les dará una vida aún futura,
pues todavía es corto el trecho animado
por un veintenario.
La vieja discoteca, cerrada a cal y canto, atesora silencio
entre sus muros;
ya no se anega el pueblo cada viernes con aquél mar de
gente
llegada de mil plazas para dejarse el sueldo,
la garganta ...
la lucidez a veces, persiguiendo el amor de un dios
perfecto y pubescente
con ojos como edenes y cuerpo subversivo.
¡Cuántas veces la hormona se hizo fuerte en el puño
que frenaran los dientes de dos o más borrachos de lujuria,
alcohol y juventud!
¡Cuántas veces acababa en abrazo la trifulca...
que de nuevo empezaba a la hora de querer pagar las copas
e insistir ambas partes en hacerlo!
Unas enormes carpas navegan el pilón; no como antaño
que solía hacerlo el forastero; el que de puro listo
era inducido a darse un chapuzón – aún en
febrero -,
para ver si le bajaban los redaños, quedándose la
cosa
tan sólo en remojón.
El muchacho que viene del recuerdo
vuelve ceñido a un ser de pelo bruno, fabricado de amor
miel y quimera.
Era columna que quiso por sustento, aunque lo hiciera en vano
ya que murió muy pronto la utopía;
agonía más bien fue cuanto obtuvo.
Al fin su corazón se sobrepuso; quizás endurecido
en el fracaso, se olvidó de perder
y ganó todo...
salvo aquella mujer que echa de menos cuando mira
su casa sin cimiento,
obrada con instantes fugitivos colmados de ternura
asidos por cadenas para evitar su huída,
cerca del firmamento.
¡Cuánto de bueno hubo en aquél viejo templo
donde solía cabalgar sobre vinilo
para haceros bailar!
¡Cuántos amigos nuestros tienen secuela en casa
de una balada dulce y luz ambigua!
-Seguro que la iglesia, su callada vecina,
ha visto con el día las cosechas sembradas esas noches
de viernes a domingo.-
Yunquera, amiga mía de días trasnochados,
no encuentro en tu recuerdo más que risa...
... y algún amor perdido,
venido a la cabeza por tus calles, junto a un mundo
pintado con sonidos que tal vez...
tampoco has olvidado.
Jesús Ramón Valero Díez |

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